Historia de Colmenar Viejo

Restos arqueológicos encontrados en la zona permiten confirmar la existencia de asentamientos en la zona desde el siglo VI. Tras la Reconquista de Madrid (Magerit), a finales del siglo XI, Alfonso VI creó un alfoz (dada la escasa población de la zona) con límites geográficos poco definidos dependiente de Madrid.

 

Estos límites poco definidos provocaron conflictos entre Segovia y Madrid durante más de un siglo hasta que Alfonso X el Sabio puso fin a estas luchas, incorporando estos lugares a la Corona. Desde entonces se denominó a este amplio territorio «el Real de Manzanares», que comprendía pueblos como Colmenar Viejo, Soto del Real, Hoyo de Manzanares, Miraflores, Navacerrada, San Agustín del Guadalix, etc.

No fue hasta un siglo más tarde cuando Juan I de Castilla adjudica definitivamente el Real de Manzanares a Pedro González de Mendoza (1340–1385). Pero sería al segundo hijo de este, Íñigo López de Mendoza (1398–1458), a quien con posterioridad se le concediera el título de Conde del Real de Manzanares.

En los siglos siguientes la localidad fue aumentando de población logrando el 22 de noviembre de 1504 la segregación jurisdiccional de Manzanares. La mayor parte de su población estuvo dedicada a la agricultura y su evolución estuvo estancada hasta la segunda mitad del siglo XIX en que se crea un coso taurino (símbolo de modernidad para los lugareños de la época), una carretera que iba de Manzanares a Fuencarral pasando por Colmenar Viejo, línea de telégrafos y servicio de correo diario. De la mano de Arturo Soria se logró hacer llegar el primer convoy de Madrid a Colmenar Viejo, pasando por Chamartín, era el 30 de mayo de 1911. Su desarrollo continuaría con la acometida de aguas y energía eléctrica aunque la regulación del río Manzanares arruinaría los molinos y batanes que tanta importancia tuvieron para la economía colmenareña desde la baja Edad Media.

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